Domina desde Tabasco hasta Baja California, el más amplio corredor de la droga y del robo de combustibles, y se coloca como la segunda organización criminal de América Latina, después del Cártel de Sinaloa.

 

A base de violencia y corrupción, amenazas vía redes sociales, uno de sus nuevos instrumentos de guerra, el Cártel de Jalisco Nueva Generación se posiciona como el segundo grupo criminal a un año y ocho meses de que el presidente Andrés Manuel López Obrador tomó el poder. Si su ascenso era fulgurante, el Cártel que dirige Nemesio Oseguera se ha convertido en amo y señor de las rutas de “El Huachicol”, pues ya domina desde el sureste hasta el norte del país. Sus tentáculos atenazan estados como Tabasco, Campeche y Quintana Roo, pero también alcanzan a Veracruz, Puebla, Hidalgo, Querétaro, Guanajuato –ya son los amos tras la captura de “El Marro"–, Jalisco, Sonora y Baja California. En esta última entidad sellaron una alianza con el Cártel de Tijuana Nueva Generación. Por si fuera poco, están presentes en la Ciudad de México, pues se asociaron con el Cártel Unión Tepito. No le ha ido mal a Nemesio Oseguera en el gobierno de la Cuarta Transformación. La política de “abrazos y no balazos” le ha permitido consolidarse como el segundo cártel más poderoso de la República mexicana.

 

Tras la caída de José Antonio Yépez, “El Marro” –jefe del Cártel de Santa Rosa de Lima– el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) se colocó como la segunda fuerza criminal del país, abajo del Cártel de Sinaloa. Sin embargo, la organización que encabeza Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, sigue conquistando territorios y actualmente ya domina un amplio corredor que abarca desde el sureste hasta el norte de la República.

Con apenas quince años de existencia, el Cártel de Jalisco irrumpió como un grupo ligado al Cártel de Sinaloa y a “Los Cuinis”, éste fue encabezado por Gerardo González Valencia, cuñado de “El Mencho”, quien purga una larga condena en el penal de Puente Grande, Jalisco, y se caracterizó por operar el narcotráfico a través de buques de carga procedentes de Europa, Asia y algunos países de América Latina como Colombia y Venezuela.

Luego de romper con Sinaloa, comenzó el ascenso de Oseguera Cervantes y su grupo criminal. Al igual que lo hicieron Los Zetas en su época, el CJNG diversificó sus actividades: puso en marcha los secuestros y a la par las extorsiones, venta de drogas químicas, robo de combustibles a Petróleos Mexicanos, entre otras, que lo comenzaron a posicionar en todo el país.

El Cártel de Jalisco, además, es el segundo más poderoso en la exportación de cocaína y mariguana a Estados Unidos. Cálculos de la DEA estiman que esa organización criminal introduce unas quince toneladas de droga trimestrales a la Unión Americana, pero el trasiego más fuerte lo realizan con las drogas sintéticas, las cuales tienen amplia demanda en Estados Unidos.

En el territorio nacional, el CJNG controla veinte entidades federativas. Antes de la captura de “El Marro”, Guanajuato fue epicentro de una lucha armada entre los cárteles de Santa Rosa y el CJNG. Además del control del mercado de las drogas, la plaza interesaba a “El Mencho” porque esa entidad está entre las más boyantes del país; es una zona comercial e industrial donde se mueve mucho dinero, nada más preciado para desarrollar una industria criminal basada en el secuestro y las extorsiones.

Pero “El Marro” no estaba dispuesto a negociar ni a dejar la plaza y decidió pelear: esto derivó en que la región de “El Bajío” se convirtiera en la más violenta del país.

Luego de la caída de “El Marro” –fue detenido en flagrancia tras el secuestro de una empresaria de Apaseo El Alto, Guanajuato, junto con cinco secuaces–, el CJNG se apoderó de esa entidad y, con ello, amplió el boyante corredor que ahora explota.

Y es que ahora el CJNG domina la ruta de trasiego de drogas y de “huachicol” más amplia de todo el territorio nacional. El grupo criminal que dirige “El Mencho” controla los estados de Tabasco y Campeche; de aquí se conecta con Quintana Roo, otro de sus feudos claves. También está posicionado en Veracruz y Puebla, zonas huachicoleras, y sus tentáculos alcanzan a Hidalgo, otro estado estratégico para el robo de combustibles, y enseguida salta a Querétaro y Guanajuato. Esta segunda entidad les interesaba porque pueden operar con todas sus actividades criminales. Sigue Jalisco, su territorio base, y continúa su red hasta los límites con Sinaloa, entidad donde no han podido penetrar por la guerra que enfrenta con Iván Archivaldo, José Alfredo y Ovidio Guzmán, hijos de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo, y con “El Mayo” Zambada, quien, según la DEA, es el verdadero líder de ese Cártel. El control territorial del CJNG sigue avanzando por todo el norte de la República y llega a Sonora y Baja California. En este segundo estado selló una alianza con el Cártel de Tijuana Nueva Generación, renovado con sangre joven, aunque sigue manteniendo ligas con la familia Arellano Félix, fundadores en la década de los ochenta de esa organización criminal.

De acuerdo con informes oficiales –incluso el presidente Andrés Manuel López Obrador pregonó en su conferencia mañanera del viernes 14 de agosto que, con la captura de “El Marro”, Guanajuato ya no ocupa el primer lugar en violencia– la estructura criminal de José Antonio Yépez Ortiz está intocada; lo mismo que su base financiera y la amplia red de clientes, principalmente gasolineros, que compraban combustible robado.

No es todo: también está intacta la base de protección política y policíaca que disponía “El Marro” para mantenerse impune en sus actividades criminales. Y, hasta donde se sabe, no existen investigaciones que apunten al desmantelamiento de este andamiaje político y criminal.

Con este crecimiento exponencial, el CJNG se colocó en la segunda organización más poderosa del país y disputa con el Cártel de Sinaloa el control de otros territorios.

Entre ambos cárteles hay marcadas diferencias. No se compara el Cártel de Jalisco con el de Sinaloa. Éste último está considerado por el gobierno de Estados Unidos como el más poderoso del planeta. El que dirige “El Mencho” tiene controles en América Latina solamente, pero continúa en ascenso.

           

El poder de “El Mencho”           

Bajo el mando de Nemesio Oseguera, el CJNG estructuró una base de operaciones en todo el Estado de Jalisco –su principal feudo–; pero su principal fuerza y poder radica en la protección oficial de que dispone. Con base en ello, se extendió a lo largo y ancho de la República, como lo demuestran los informes de la Fiscalía General de la República y la Secretaría de Seguridad Pública Ciudadana.

A lo largo y ancho del Estado de Jalisco, por ejemplo, crearon redes para la distribución de drogas, al tiempo que la estructura fue creciendo conforme las necesidades se fueron presentando. Así, el Cártel logró llevar a cabo una división muy buena de sus actividades: distribución, operaciones financieras, estructura de sicariato, relaciones públicas, alianzas con autoridades municipales y protección policíaca permanente; a fín de que el negocio no sufriera ninguna perturbación. Para todas las necesidades que surgieran tenían soluciones y hombres dispuestos para efectuar la tarea. Este modelo de operación y de negocio lo repitieron en cada entidad que fueron conquistando. Y les ha dado resultados.

Los crímenes perpetrados en Jalisco, Guanajuato y otros estados, pusieron en evidencia no sólo el poder del Cártel de Jalisco, sino la red de vínculos entre sus integrantes con altos funcionarios del gobierno y el nivel de protección que disponía el Cártel encabezado por Oseguera Cervantes.

En varias investigaciones criminales salieron a flote evidencias sobre la estructura criminal con la que cuenta el CJNG en Jalisco, donde radica su base de operaciones. Entre ellas, la que se integró en Jalisco tras el crimen del secretario de Educación Pública durante el gobierno de Aristóteles Sandoval, Jesús Gallegos Álvarez, señalado de lavar dinero para el Cártel de Los Caballeros Templarios. Junto a esto, los apoyos policíacos, el modelo de negocios y el alto nivel de infiltración que lograron durante el gobierno del priista Sandoval.

Algunos testigos que formaron parte de la organización que encabeza “El Mencho”, hablaron sobre cómo es por dentro el CJNG, cómo opera, cómo está estructurado y qué funcionarios están ligados al tráfico de drogas.

Jonathan García García, conocido como John Perro, uno de los más temibles, fue presentado ante las autoridades el 5 de mayo de 2013. En su declaración, este sujeto se autodescribió como una persona que no le gusta trabajar y da cuenta de un entorno familiar hostil; por lo que decidió involucrarse con bandas criminales.

Dijo: –“Yo viví en la colonia El Retiro de esta ciudad de Guadalajara hasta los 11 años de edad porque después me fui de la casa por problemas con mi papá, él me golpeaba mucho, decía que yo era muy desordenado y pleitista y mi madre siempre me mandaba a trabajar y ella me exigía que le entregara dinero. Los trabajos que yo tuve de niño mi madre me los conseguía en talleres mecánicos, pero mi carácter pleitista no me dejaba ser una buena persona”.

Añadió: –“Luego me recomendaron con la empresa Cártel de Jalisco, donde estuve a prueba, pero como yo siempre he tenido un intelecto muy alto comencé a encargarme de la venta de droga en los bares de la zona centro de Guadalajara y gracias a esto yo empecé a subir en la organización y me hice buen amigo de los dueños de antros y bares ya que cuando tenían broncas con el gobierno yo les apoyaba, lo cual hizo que las ventas de drogas en la zona centro de Guadalajara subieran muchísimo, ya que generaban entre 80 mil y 120 mil pesos diarios y todo eso se lo entregaba al patrón, a quien conocíamos con el nombre de Spanky, él me hacía participar en ejecuciones en Jalisco y además participaba en levantones para alinear a vendedores de droga que andaban chapulineando (brincando de un grupo a otro) , es decir, que querían brincar de cártel”.

Después de hablar respecto a los movimientos que se dieron en distintos momentos en el Cártel de Jalisco, explica en su declaración cómo está conformada la estructura del mismo. Explicó, por ejemplo, que el jefe es Nemesio Oseguera Cervantes, quien responde al apodo de “El Mencho”. Que él se encarga de controlar todo el sistema financiero de la organización en Jalisco y en los estados donde opera este cártel.

Expuso que Oseguera también controla a los grupos de choque, matones y sicarios en general, que son los que él utiliza para asesinar a rivales o a miembros del cártel que incurran en traiciones o fallas que ponen en riesgo a la empresa criminal.

En su testimonio reveló, por ejemplo, que el jefe de la plaza de Guadalajara se llama Daniel Quintero Riestra, quien, según afirma, también utiliza varios nombres falsos: Oswaldo Quintero Juárez, Erick Santiago Gómez, Heriberto González Gómez, Fernando Hernández Guzmán. Daniel, dice, también es ampliamente conocido como “El Dandy Quintero”, quien también controla la parte administrativa de la organización y tiene a su cargo el reclutamiento de personal para el Cártel de Jalisco, para la distribución de drogas, y funge como receptor de las indicaciones respecto de cuándo se debe ejecutar a un rival o a un traidor.

En su testimonio dijo, además, que debajo de “El Dandy Quintero” está su mano derecha que responde al nombre de Gregorio Pelayo Chávez, a quien en la organización se le conoce como “El Camarón”, quien fue Policía Judicial y se encarga de girar las órdenes de “El Dany” sobre las personas que ya están en lista para ser ejecutadas por los sicarios del cártel.

“El Camarón”, dice el testigo a su vez, tiene el apoyo de otro elemento que fue Policía Judicial y al que se le conoce como “El Padilla”. Este se encarga de arreglar “las brincas” del personal del Cártel de Jalisco cuando los detienen. Él es quien pasa información sobre los operativos que va a realizar la Policía en alguna de las colonias y de esa forma “El Dany Quintero” desplaza a su gente para que no los detengan.

“El Padilla” también se encarga de frenar los operativos cuando estos van a afectar a la organización. A cambio de un saludo, dice, se le entrega una suma de dinero, él detiene los operativos y los desvía para que no afecten al Cártel de Jalisco.

El otro día –refiere García García en el expediente– un miembro del cártel al que le decíamos “El Tripa” balaceó con una R-15 a uno de sus vecinos nada más porque lo volteó a ver feo. Le lesionó las piernas a balazos y al poco rato llegó gente de la policía y se los llevaron a todos detenidos, pero “El Padilla” se arregló con el Agente del Ministerio Público y así fue como dejaron libre al “Tripa”, al “Chato” y al “Paco”.

De acuerdo con el testigo, Gregorio Pelayo Chávez, “El Camarón”, tiene su grupo de choque, como se le da en llamar. Es decir: sus sicarios y de los cuales recuerda a uno que le dicen “El Cuatro”, a otros les apodan “El Gafe” y “El Nieve”, personas que, según él, son exmilitares; pero de los que desconoce sus nombres.

Refiere, además, que “El Cuatro” es quien se encarga de comprar las armas que se utilizan por parte del personal del Cártel de Jalisco en esta ciudad (Guadalajara), las cuales, según tiene conocimiento, se compran en la ciudad de México y en Toluca. Pero desconoce a quien se las compren. Y es que este grupo compra sus armas nuevas para evitar que ya traigan broncas anteriores.

 

La expansión nacional

A sangre y fuego, el CJNG se entronizó como el segundo grupo criminal más poderoso de México. Es el que mejor maneja sus estrategias de guerra y amenazas a través de las redes sociales y ya ha dado muestras de su poderío bélico, lo que quedó fuera de duda con el ataque –aunque fallido– en contra de Omar García Harfuch, jefe de la policía capitalina, el pasado 26 de junio. Un grupo armado, contratado exprofeso para tal fin, cerró el paso al funcionario cuando se dirigía a una reunión con la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum.

Aquel grupo conformado por unos treinta hombres portaban armas largas, Barrets, rifles de asalto y cuernos de chivo, AK-47, además de granadas de fragmentación.

Actualmente, el CJNG ha sentado sus reales en la Ciudad de México, uno de sus nuevos territorios conquistados gracias a la alianza que selló con el Cártel Unión Tepito, el mejor organizado de la capital del país.

A lo largo de un año y ocho meses de gestión gubernamental, la administración de Andrés Manuel López Obrador ha descabezado a dos cárteles: A “Los Rojos” con la aprehensión de Nazario Mazari, “El Carrete”, y al Cártel Santa Rosa de Lima con la captura de su líder, José Antonio Yépez Ortíz, “El Marro”.

El resto de los grupos criminales siguen intocados y en expansión, como es el caso del CJNG.

           

 

 

Mercedes Barcha, esposa del escritor Gabriel García Márquez, la mujer que lo acompañó toda su vida y que pagó el envío postal del original de Cien Años de Soledad contando centavos porque no les alcanzaba el dinero, murió este sábado a los 87 años de edad en la Ciudad de México.

Compañera de viajes interminables, inspiradora del escritor que en 1982 ganó el Premio Nobel de Literatura, Mercedes Barcha fue un cimiento extraordinario en la construcción de García Márquez como persona y como escritor.

Nacida en Manangué, Colombia, el 6 de noviembre de 1932, conoció a García Márquez por un golpe del destino durante un baile en Sucre, Bolivia. Él contaba con 13 años de edad, ella con 9. Tiempo después, García Márquez confesó: “Desde el instante en que nos conocimos supe que ella sería mi esposa”.

Y, en efecto, ambos se casaron en 1958 y estuvieron unidos poco más de medio siglo, hasta la muerte del escritor, el 17 de abril de 2014 en la Ciudad de México.

Gustavo Tatis Guerra, escritor, periodista, poeta y ensayista colombiano, declaró:

“Es un amor de toda la vida para el Gabo, él la conoció cuando eran niños”. Y añadió: “En los momentos más difíciles de la vida de ellos, en el sentido económico, Mercedes siempre confió en que él, gracias a su literatura, iba a salir adelante (…) A García Márquez un día le preguntaron qué personaje era importante y él dijo que Mercedes”.

Y es que, según ha sido descrita por amigos y conocidos del escritor, Mercedes Barcha fue una mujer de carácter fuerte, tanto, que se parecía a la estirpe de Úrsula Iguarán y de las mujeres de Cien Años de Soledad. Ella llevaba el orden en la casa.

Se cuenta que antes de irse a Europa, en 1955, Gabo le prometió que a su regreso se casarían, tal y como lo habían acordado prácticamente desde que ambos eran niños. Y así ocurrió. Contrajeron nupcias en Barranquilla y de ese amor nacieron dos hijos: Gonzalo y Rodrigo García Barcha.

Existe una historia que los unió más a finales de los años sesenta, cuando aún García Márquez no era una figura de la literatura. Al afincarse en México, ella comenzó a trabajar en diferentes tareas, domésticas, relacionadas con venta de productos, entre otras. Ella, como ya se dijo, tomó el timón de la casa y le dijo al Gabo: “Yo sostengo la casa, tú dedícate a escribir”. Sin duda, ella confiaba mucho en el talento de su marido, quien entonces escribía la novela Cien años de Soledad, con la que en 1982 ganó el Premio Nobel de Literatura.

En aquellos años, él escribía la novela pero también viajaba, impartía talleres o se entrevistaba con agentes literarios después que le ayudaron a colocar la novela. Esta llegó a ser uno de los ejemplos portentosos del llamado “boom de la literatura latinoamericana”, en cuya aureola se incluyeron a otros escritores como Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar o José Lezama Lima.

En una ocasión, García Márquez contó una historia bella y triste a la vez, parte de la vida, sobre los caminos que se entrecruzaron entre él y Mercedes. Esta historia describe la importancia que tuvo su esposa en su vida. Con entusiasmo dijo el escritor:

–El día que terminé Cien años de Soledad nos fuimos al correo Mercedes y yo. Eran 700 páginas. Entonces, lo pesaron y dijeron que costaba 83 pesos (mexicanos) el envío a Argentina. Y Mercedes me dijo: No tenemos más que 45. Le dije: Es muy fácil: partí el libro por la mitad y le dije: Péseme este libro hasta 45, agarré las hojas, las envolví, las mandé y nos quedamos con el resto”.

Cien años de Soledad es la obra más importante de García Márquez en su historia literaria, pero Mercedes Barcha –la esposa incondicional que lo impulsó– es la otra parte importante; quizá el motor clave de su trayectoria literaria, que El Gabo siempre guardó en su corazón.

Eran el uno para el otro, leales en su relación, una sola idea el amor que los unía, un mismo horizonte que ninguno de los dos dejaba de mirar porque en su vida ambos caminaron por las mismas brechas y sufrieron las mismas amarguras y también disfrutaron del éxito que ambos construyeron: él con su talento, ella con su empuje y voluntad inquebrantable.

Fracasos y éxitos los hicieron llorar y reir –eso es vivir intensamente y sin límites– por eso la vida fecunda de García Márquez no puede entenderse sin Mercedes.

Los restos de la esposa del Nobel serán llevados a Cartagena, Colombia, donde descansan también los del autor de, entre otras obras, El Coronel no tiene quien le escriba y Crónicas de una muerte anunciada.

 

AMLO, sin política criminal, no puede frente al narco

 

Falto de una estrategia eficaz, el gobierno de la Cuarta Transformación no tiene cómo parar al crimen organizado, el flagelo que más violencia y muertos genera en el país.

El presidente, en un alarde insultante de su irresponsabilidad, sigue diciendo que no utilizará la fuerza del Estado para enfrentar a los cárteles.

Y lo volvió a repetir ahora que el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) realizó un desfile en el que exhibió parte de su poderío: sus armas, sus hombres y su gran nivel de organización; el evento, efectuado a propósito del cumpleaños de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, según la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), fue aprovechado también para lanzar serias amenazas en contra de José Antonio Yépez, “El Marro”, su rival más acérrimo, quien es el líder del Cártel Santa Rosa de Lima, el que opera el tráfico de combustible robado en Guanajuato.

Los dos videos, difundidos el fin de semana pasado a través de las redes sociales, es a todas luces una provocación. El CJNG exhibe armamento de alto poder, fusiles de asalto, lanza-granadas, carros tanques, fusiles Barret, entre otros, y hombres uniformados que la Secretaría de la Defensa Nacional calculó que eran unos ochenta que, ataviados con uniformes militares, mostraban su poder.

El secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo, dijo a la ligera que se trataba de un montaje; sin embargo, el titular de la Sedena, Luis Crescencio Sandoval detalló que no se trataba de un montaje sino de un video auténtico y enseguida dio cuenta del armamento que fue exhibido en el mismo.

No obstante, el presidente Andrés Manuel López Obrador mostró asombro por la difusión que han tenido los videos en las redes y en los medios de comunicación; después dijo que seguiría con su política de abrazos y no balazos. Una verdadera vacilada.

La falta de seriedad del presidente frente al problema del crimen organizado ha rebasado todas las consideraciones. Al principio de su gobierno se pensó que se trataba de una postura que resultaría eficaz, sobre todo después de seis años de guerra con Felipe Calderón y el sexenio fallido de Enrique Peña Nieto. En este último periodo gubernamental el crimen gozó de impunidad.

Ante la ineficacia del gobierno de la Cuarta Transformación frente al crimen organizado las críticas dentro y fuera de México han sido muy fuertes, incluso, descalificativas, ante una política errática que no ha dado resultados y, pese a ello, el presidente se empeña en mantenerla.

Se asegura que si una estrategia no arroja resultados, entonces es momento de cambiar la estrategia. Pero en el caso del gobierno mexicano se hace todo lo contrario: entre más falla la estrategia más se empeñan en seguirla utilizando.

Es por ello que el crimen –y en particular el CJNG –sigue generando violencia y muerte en México. La ausencia de una política anticrimen muestra a un gobierno débil, a pesar de que no lo es. El gobierno de México dispone de un Ejército, la Marina, la Guardia Nacional y un marco legal que le dota del monopolio de la ley y de la fuerza para usarse, pero no lo hace, de tal suerte que frente a la ola de muertes el gobierno de López Obrador se erige como un mero espectador de la desgracia.

La crisis de inseguridad es muy grave. Existen catorce cárteles disputándose el control territorial y el boyante mercado de las drogas. Y lo peor es que ninguna autoridad les impide enfrentarse ni ajustar sus cuentas ni amenazarse a través de las redes.

La amenaza del CJNG en contra de José Antonio Yépez, “El Marro”, es clara: Irán por sus hombres para asesinarlos y seguramente por él, ya que el cártel de “El Mencho” está afincado en el estado de Guanajuato desde el año 2014. Desde entonces opera en robo de combustibles, el tráfico de drogas, las extorsiones, secuestros, control de giros negros, piratería, entre otros delitos que les reditúan cuantiosas ganancias.

Ante las amenazas difundidas, todo indica que la violencia tanto en El Bajío como en el Occidente continuará. Y mientras el crimen organizado puede ajustar sus cuentas pendientes con sus rivales, el gobierno sigue sumido en su política fallida.

La frase de abrazos y no balazos es tan ridícula que al presidente no se le puede tomar en serio, pues es claro que esa postura no es la que debe asumir un gobierno que se ve avasallado por el crimen organizado y ni siquiera las manos mete.

           

Julián Leyzaola emprendió su campaña por la presidencia municipal de Tijuana sin limpiar el pasado: ahora los nubarrones por presuntos actos de tortura y ligas con el narcotráfico lo alcanzan en plena contienda y a unos días de que se defina el futuro de Baja California y de Tijuana, una de las ciudades más violentas del país donde Leyzaola no pudo cambiar la realidad cotidiana: violencia, muertes y tráfico de drogas siguen siendo los temas cotidianos.

Germán Martínez Cázares presentó su renuncia al Consejo Técnico del IMSS y a la Dirección General del Instituto, informó la dependencia en un comunicado.

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Tijuana: Operadores de Gastélum Buenrostro aprovechan pandemia para defraudar. https://t.co/KHe2O09uoX @Rravelo27
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