Ricardo Ravelo

Ricardo Ravelo

Ricardo Ravelo es periodista desde hace 32 años. Fue reportero del semanario Proceso, donde cubrió la fuente policiaca y los temas relacionados con el crimen organizado. Es autor de diez libros en los que aborda el explosivo flagelo del narcotráfico.

Entre otros títulos, ha publicado Herencia Maldita (Grijalbo 2006); Narcomex (Debate 2012); Osiel: Vida y tragedia de un capo (Grijalbo 2009); En Manos del Narco (Ediciones B 2017); Los Zetas, La Franquicia Criminal (Ediciones B 2014); Ejecuciones de periodistas: Los Expedientes (Grijalbo 2017) y Los Incómodos I y II (Planeta 2018). Ha sido conferencista en España, Brasil, Perú y Estados Unidos.

Actualmente es director editorial del portal de noticias Contactopolítico.com y columnista del diario electrónico SinEmbargo.com.mx

El abatimiento de 24 personas en Villa Unión, Coahuila, mediante varios ataques armados que iniciaron desde el domingo 1 por parte del Cártel del Noreste (CN) es otro acto de narcoterrorismo que el gobierno rechaza calificar como tal, pues prefiere seguir aceptando que en México sólo hay delincuencia organizada y no narcoterrorismo, pues trata de impedir que el gobierno de Estados Unidos intervenga en los asuntos internos del país.

A un año de gobierno –el cual se festejó el domingo 1 con promesas y un discurso triunfalista por parte del presidente de la República –el tema de las muertes de los periodistas ni siquiera una mención mereció de parte del mandatario, quien ha pregonado ser un adalid de la libertad de expresión. 

Un Año Fallido

December 02, 2019

Esta mañana se efectuaron dos concentraciones masivas en el centro de la Ciudad de México: una en el zócalo, convocada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, para festejar el primer año de gobierno, doce meses de fallas, nulos resultados y promesas incumplidas. 

"La DEA opera abiertamente en México y realiza investigaciones sin recato alguno".

¡Arriba las Armas!

November 28, 2019
–No está a gusto el presidente Andrés Manuel López Obrador con el hecho de que el gobierno de Estados Unidos declare a los cárteles de la droga como grupos terroristas.

Trump Aprieta a AMLO

November 27, 2019

— Quiere que cárteles sean declarados grupos terroristas 

Durante su actividad criminal, Jaime González DuránEl Hummer, fue uno de los narcotraficantes más sanguinarios del país, sañoso y sin piedad a la hora de matar, torturabadescuartizabadecapitaba a sus rivales y se afirma que hasta se los comía.

Fue desertor del Ejército Mexicano, de aquel legendario Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFES) que hacia finales de la década de los noventa desertaron de las Fuerzas Armadas para incorporarse al crimen organizado.

En aquel tiempo Arturo Guzmán Decenas –El Z-1 –había sido cooptado por Osiel Cárdenas Guillén, entonces jefe del cártel del Golfo. Era el año de 1996. En aquel tiempo, Cárdenas le dijo a Decenas que necesitaba que le conformara un ejército para su protección. Así surgieron Los Zetas. Aquellos militares ya estaban incorporados en las tareas de combate al narcotráfico en la Procuraduría General de la República, pero les llegaron al precio y se pasaron al banco criminal.

En ese primer equipo de militares iba González Durán, El Hummer, quien es oriundo de la huasteca potosina y a los veinte años se incorporó al Ejército, según se narra en su biografía criminal.

En el grupo de Los GAFES militó durante 9 años y en 1999 desertó y se incorporó al cártel del Golfo como parte del grupo paramilitar Los Zetas, el primer ejército que un cártel conformó en América Latina, uno de los más violentos, caracterizado por sus táctica militares, el uso de la fuerza desmedida –generaban verdaderos baños de sangre en sus intervenciones armadas –y se volvieron temibles. Ese era su propósito.

De acuerdo con su biografía criminal, fue lugarteniente de Osiel Cárdenas Guillén, conocido en el mundo del Hampa como El Mata-amigos porque, para encumbrarse en el liderazgo del cártel asesinó a su amigo Salvador Gómez HerreraEl Chava Gómez, quien ya había asumido parte del liderazgo de ese grupo criminal tras la captura y deportación de Juan García Ábrego, quien fue jefe del cártel del Golfo durante todo el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, etapa en la que vivió impune.

A base de buenos resultados –traficando droga y asesinando rivales –González Durán se ganó la confianza de Osiel Cárdenas y éste lo hizo jefe de la plaza de ReynosaTamaulipas, uno de los bastiones más importantes del cártel.

Y así continuó su carrera de narco y matón. Se hizo especialista en la tortura y fue uno de los que puso de moda la decapitación como modalidad de muerte, algo que sorprendió en el mundo criminal: Los Zetas exhibían su horror lanzando cabezas humanas en lugares públicos. Pero llegó un momento en que no fue suficiente este nivel de saña y pasaron a otra peor: el descuartizamiento de cadáveres.

Luego, escalaron más alto: se afirma que incurrieron en la santería y que a los muertos los velaban y se los fumaban. Hay versiones que indican que se comían el corazón del difunto.

Las venganzas

El 24 de noviembre de 2006, en un palenque celebrado en Reynosa, Tamaulipas, se presentó el cantante Valentín Elizalde, conocido como El Gallo de Oro. Se asegura que ahí cantó un corrido, A mis enemigos, un corrido que supuestamente había dedicado Joaquín El Chapo Guzmán a sus rivales del cártel del Golfo y de Los Zetas, su brazo armado.

Elizalde, sin embargo, pasó por alto un detalle crucial: no advirtió que entre los presentes estaba Jaime González DuránEl Hummer.

La letra del corrido fueron palabras hirientes para el capo: Siguen ladrando los perros, señal de que voy avanzando. Así lo dice el refrán para aquellos que andan hablando de la gente que trabaja y que no anda vacilando.

Se asegura que el cantante Elizalde abrió y cerró su presentación con el mismo tema. No se midió. Su público se lo había pedido.

Sin embargo, el corrido habría desatado el enojo de El Hummer. Se afirma que dio una orden: Mátenlo. Y lo mataron.

Tiempo después, en noviembre de 2008, González Durán fue detenido. Lo condenaron a 35 años de prisión. Su nombre figuraba entre los narcotraficantes más deseados por Estados Unidos para ser procesados, pero un juez federal detuvo su extradición.

Así, el narcotraficante se mantiene en prisión, sentenciado a una pena mayor.

El Hummer es un personaje clave para entender el fenómeno de deserción de varios militares que se pasaron al narcotráfico a finales de los noventa, una historia criminal que el Estado mexicano todavía no le aclara a la sociedad.

Sin embargo, en agosto pasado otro juez de alzada consideró viable la extradición de González Durán hacia Estados Unidos. Los cargos que compurga en México son delincuencia organizada, secuestro, acopio de armas y lavado de dinero.

Se considera que González Durán era un elemento eficaz dentro del esquema de Los Zetas, por eso era reconocido por su jefe, Heriberto Lazcano Lazcano, otro de los fundadores de este grupo criminal –hoy uno de los cárteles más sólidos de América Latina --, quien supuestamente fue abatido en Sabinas, Coahuila, durante un enfrentamiento con efectivos de la Secretaria de Marina.

Pese a sus recursos legales, González Durán será extraditado a Estados Unidos, donde la justicia le mantiene abiertos varios expedientes por crimen organizado.

–Es el mismo procedimiento que podría poner en la calle a Mario Villanueva Madrid, exgobernador de Quintana Roo, quien fue acusado de lavado de dinero y delincuencia organizada y que ahora el presidente Andrés Manuel López Obrador asegura que lo sacará de la cárcel.

En septiembre pasado, un juez federal consideró, después de que revisó algunos de los alegatos presentados por la defensa de Miguel Ángel Félix Gallardo –exjefe del cártel de Guadalajara y llamado “El Capo de Capos –que el narcotraficante podía salir de prisión muy pronto. 

La razón, según dijeron, es que Félix Gallardo ya compurgó más tiempo del que marca su sentencia. Cabe recordar que el capo sinaloense fue detenido en abril de 1989 –su captura fue uno de los golpes espectaculares del salinismo contra el narcotráfico –: fue sentenciado a 40 años de prisión por el asesinato de Enrique Camera, Kiky, el agente de la Drug Enforcement Administration (DEA) que llegó a México a finales de los años setenta para realizar investigaciones sobre el crecimiento exponencial del narcotráfico. 

Además de este caso –que implicó por igual a Ernesto Fonseca Carrillo, Don Neto, actualmente en prisión domiciliaria, así como a Rafael Caro Quintero, liberado hace cinco años mediante argucias legales todavía no esclarecidas por el Poder Judicial de México. 

La defensa de Félix Gallardo busca, por todos los medios legales, que el capo sinaloense obtenga la prisión domiciliaria, pues alegan que su cliente, además de tener la edad –más de 70 años –está enfermo: tiene severos problemas cardiacos, padece artritis aguda y problemas renales que le han complicado la salud en los últimos años. 

Se cuenta que cuando Don Neto y Félix Gallardo –viejos conocidos por cierto –coincidieron en el penal de La Palma, en el estado de México, el segundo ayudaba a mitigar sus dolores de articulaciones mediante digitocupuntura, un método oriental que Félix Gallardo aprendió y utilizaba para disminuir sus padecimientos. 

Etapa de esplendor 

Miguel Ángel Félix Gallardo fue un capo emblemático. Dentro y fuera de México fue considerado como el rediseñador del esquema que actualmente utilizan los cárteles: línea horizontal u operaciones en célula, como la guerrilla, que volvió a los cárteles más dinámicos y difíciles de combatir. 

Estudió comercio y tan alto fue su ascenso en el mundo del crimen que llegó a convertirse en un acaudalado empresario. Era un hombre apuesto y elegante que solía frecuentar los círculos sociales más altos: fue socio de un banco, incluso, y dueño de varias empresas que lo convirtieron en un hombre acaudalado. No obstante, era el jefe del cártel de Guadalajara, uno de los más boyantes de la época. 

Tuvo varios socios. Su socio fue Arturo Durazo Moreno, el poderoso jefe de la policía de la ciudad de México en tiempos de José López Portillo. Y junto con ellos se asoció Arturo Izquierdo Hebrard, quien entonces era cuñado de Félix Gallardo . En aquel tiempo –años ochenta –el capo adquirió varias tierras en Veracruz, uno de los ranchos más fastuosos era El Camino Real, localizado en Náutla, Veracruz: tenía laboratorio de genética que, en realidad, se utilizaba para procesar cocaína. 

En el libro Lo Negro del Negro Durazo, José González y González, el autor, describe el rancho con estas palabras: 

–Cuando iba aterrizar un avión en la noche, las luces de la pista se encendían y se iluminaba todo como si de pronto fuera de día. 

En dicho rancho, Félix Gallardo organizaba fiestas con invitados especiales, entre políticos y artistas. Una de las cantantes que se recuerdan en el libro es Lola Beltrán, sinaloense, por cierto, una de las voces más importantes de la canción mexicana de entonces. 

Tras el encarcelamiento de Félix Gallardo, en 1989, el rancho fue asegurado por la Procuraduría General de la República. En ese tiempo, el predio tenía varios cientos de cabezas de ganado de alto registro, laboratorio genético, pista de aterrizaje y lo más avanzado en la tecnología de la época. 

En pocos meses, el rancho fue saqueado. Durante muchos años estuvo vigilado por el Ejército. 

Hace unos cinco años, las autoridades judiciales le devolvieron varias de sus propiedades, entre otras, el rancho Chapa Chapa, también localizado en la zona de Náutla, Veracruz, y algunas de sus cuentas bancarias. La razón: que fue absuelto del delito de narcotráfico y se mantuvo en prisión sólo por el crimen de Enrique Camarena. 

Ahora los defensores de Félix Gallardo gestionan ante los tribunales que su cliente sea llevado a una prisión domiciliaria, aprovechando la apertura que existe en el gobierno de la Cuarta Transformación. Es un caso muy parecido el del exgobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva, quien casi tiene un pie fuera de la cárcel después de casi dos décadas de estar en prisión bajo cargos de lavado de dinero, delincuencia organizada y otros. 

En sus tiempos esplendorosos como capo del narcotráfico, Félix Gallardo tuvo como lugarteniente de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo; con él trabajó en el cártel de Guadalajara Juan José Esparragoza Moreno, El Azul, desaparecido desde hace cinco años, aunque sus familiares aseguran que murió de un infarto. Ninguna autoridad ha podido confirmar su muerte. 

También trabajó con él en esa época Ismael El Mayo Zambada, actualmente una de las cabezas importantes del cártel de Sinaloa.

Sin aportar cifras ni estadísticas respecto a la inseguridad pública, el subsecretario de Gobernación, Ricardo Peralta, dijo que la política de “abrazos y no balazos” sí ha funcionado en el primer año de la administración de Andrés Manuel López Obrador

Por su parte, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, desestimó las declaraciones del gobernador de Tamaulipas, Daniel Cabeza de Vaca, quien antier dijo que los actos de violencia desatados en la ciudad de Nuevo Laredo –asesinatos con descuartizamiento de personas, bloqueo de calles con autos robados a la ciudadanía y otros desmanes –deben ser tipificados como actos de narcoterrorismo. 

Sánchez Cordero fijó su posición sobre este tema y dijo que ningún acto de violencia perpetrada por el crimen organizado es terrorismo, por lo que no puede calificarse de esa forma: 

“Es una opinión de él (se refiere a Cabeza de Vaca)que vamos a respetar, desde luego nosotros estamos apoyando a los gobiernos de los estados, estamos apoyando a Tamaulipas y estamos también apoyando a nivel municipal, ahí en Nuevo Laredo, y en otros municipios. Yo no comparto esa idea, pero es su manera de pensar”. 

Según la funcionaria, la estrategia de seguridad de López Obrador está avanzando. Queremos decirles a todos los gobernadores que estamos con ellos y que vamos a apoyar también a los presidentes municipales. Yo siempre he dicho que las estrategias de seguridad son todo terreno y tenemos que ir a los municipios, ahí es donde tenemos que ir nosotros y también a los estados”. 

DE MAL EN PEOR 

La cifra de muertos contabilizada hasta este mes es de poco más de 30 mil. ¿Dónde está el éxito de la estrategia de seguridad? Todavía no se ve, no se palpa, no se refleja entre la gente. 

En muchos municipios del país donde las autoridades municipales están prácticamente paralizadas: los alcaldes no saben qué hacer con la violencia ni con la corrupción policiaca; tampoco pueden articular un programa de obra pública y menos organizar a la sociedad, colonia por colonia, para que se construyan frentes para atajar la violencia extrema que azota a los territorios. 

La Guardia Nacional, uno de los proyectos que se lanzaron para frenar la violencia, sigue sin dar resultados. Es ineficaz porque, en principio, son insuficientes sus elementos y, segundo, carecen de una estrategia contra el crimen. 

–¿Qué hacer ante este escenario que a todas luces confirma el Estado fallido? 

En realidad, la gente sólo mueve la cabeza y se sume en la impotencia. Este Estado fallido, que el presidente López Obrador no reconoce, está reflejado en todo el territorio nacional. 

En más del 80 por ciento de los municipios las instituciones sufren una suerte de atrofia, producto de la corrupción, que las paraliza y las convierte en entes inoperantes, incapaces de atender denuncias porque la corrupción o la amenaza del crimen se los impide. 

Hay fiscales que están atenazados por las redes del crimen, y este fenómeno convierte a las instituciones que procuran justicia en brazos u extensiones de grupos criminales: favorecen la impunidad y fomentan la corrupción. En estos casos, el cambio es bastante complicado porque esa corrupción es el estado óptimo de muchos funcionarios que se niegan a cambiar. 

Los alcaldes, impotentes porque carecen de herramientas para hacer frente al crimen, parecen estar de rodillas: sienten miedo y tienen razón: el crimen se ha infiltrado a los Ayuntamientos a través de regidores, síndicos y comandantes de policía. 

Es el resultado se no haber emprendido, con anticipación, la tarea de revisar los perfiles de los aspirantes a esos cargos. Y el peor escenario, sin duda, es que el crimen organizado –cualquier modalidad –ejerce una especie de gobierno paralelo y, en otros casos, gobierna municipios enteros. Casos específicos: Culiacán, Sinaloa; Nuevo Laredo, Tamaulipas. La lista es muy amplia porque abarca el 80 por ciento de las alcaldías. 

Es por ello que antier, después de los hechos de violencia ocurridos en Tamaulipas y Nuevo León, donde el cártel del Noreste y Zetas Vieja Guardia se enfrentaron por el control de la plaza, el gobernador Daniel Cabeza de Vaca alzó la voz y dijo que esos hechos violentos son actos de narcoterrorismo. 

Sus palabras causaron revuelo en la prensa nacional porque es la primera vez que un gobernador reconoce que el nivel de violencia que utilizan los cárteles ya rebasó los niveles de la delincuencia organizada y, por ende, a las autoridades. 

Y es que, como se ha escrito en este espacio, ante estos embates criminales las autoridades –incluidos los gobernadores –se paralizan. No saben qué hacer porque se debe reconocer que no existe una estrategia para ello. Nadie está preparado para lanzar a la policía a enfrentar a criminales porque en algunos casos se carece de estrategia y recursos, en tanto que en otros más la capacidad de respuesta del Estado es nula. La razón: sus instituciones están atenazadas por las mafias. 

Hay municipios del país como Coatzacoalcos –zona sur de Veracruz –Ecatepec, en el estado de México, donde esta violencia imparable ha causado que cientos de familias se hayan desplazado del territorio porque ya no pueden vivir en medio de balazos y muertos y porque, además, tampoco pueden continuar con sus negocios debido a la ola de extorsiones. 

Han preferido cerrar sus tiendas, restaurantes, bares y supermercados simplemente porque se agotó la paciencia, porque las ganancias las toma el crimen y, peor aún, ninguna autoridad responde para frenar este problema que ya alcanzó desde hace muchos años niveles de anarquía. 

Es por ello que se le exige al presidente de la República un replanteamiento de su estrategia. La razón es evidente: la falta de resultados. La evidencia: los más de 30 mil muertos que ya se suman en su primer año de gobierno. 

Lacerante realidad, pero realidad al fin

A pesar de que el Presidente Andrés Manuel López Obrador ordenó, desde el arranque de su administración, realizar una “purga” en las áreas estratégicas del Gobierno, el viejo régimen prevalece:

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