La enfermiza corrupción de Emiliio Lozoya en PEMEX

Emilio Lozoya, exdirector de Petróleos Mexicanos, sigue envuelto en líos y no sólo eso: su familia, particularmente su madre, hermana y esposa, enfrentan acusaciones graves a nivel federal que las vincula con los sobornos que repartió la empresa Odebrecht a cambio de contratos millonarios. 

Un juez de alzada negó esta vez el amparo de la justicia para Gilda Lozoya, hermana de Emilio, quien está acusada por la Fiscalía General de la República de lavado de dinero y asociación delictuosa. 

De acuerdo con la FGR, ella recibió en sus cuentas millonarios depósitos de la empresa Odebrecht que iban directamente para pagar favores realizados por Lozoya cuando era director de Pemex. 

En este emblemático embrollo de corrupción –uno de los escándalos más fuertes del sexenio pasado –también están implicadas Gilda Margarita Austin, madre de Emilio Lozoya, y Helene Morielle Eckes, su esposa. 

La primera enfrenta una prisión domiciliaria desde hace varios meses debido a que se descubrió que Odebrecht depositó a sus cuentas millonarias sumas de dinero. En estas triangulaciones también participó la esposa del exfuncionario del gobierno de Peña Nieto, de acuerdo con las acusaciones realizadas por la FGR. 

Las investigaciones federales establecen que la familia de Emilio Lozoya utilizaron parte de los sobornos de la empresa Odebrecht para comprar propiedades: una de ellas es una casa en Ixtapa, Zihuatanejo, valuada en varios millones de dólares. 

Este caso es uno de los múltiples episodios de corrupción que se realizó durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, uno de los gobiernos más corruptos comparado, incluso, con el sexenio de Luis Echeverría y José López Portillo. 

Peña Nieto llegó a la presidencia en el año 2012, producto de una amplia campaña de posicionamiento realizada por Televisa. De ahí que durante su mandato se le conociera como “El Telepresidente”, pues Televisa no sólo lo encumbró en el poder presidencial sino que hasta le consiguió a la mujer que lo acompañó como esposa durante su mandato. 

Se asegura que altos ejecutivos de Televisa le ofrecieron a Peña Nieto que escogiera a su mujer en un catálogo. El eligió a Angélica Rivera, con quien se casó. Pero antes de terminar el gobierno comenzaron a surgir rumores de su separación. 

Hubo, incluso, viajes al extranjero a donde ella iba como primera dama, pero el presidente regresaba solo en el avión presidencial: ella tomaba camino a Italia o a otros países para reunirse con sus amigos. 

La Gaviota fue blanco de un fuerte escándalo cuando se descubrió que un empresario –quien tenía el contrato para desarrollar un tren de Hidalgo a la ciudad de México –le regaló la famosa “casa blanca”, valuada en varios cientos de millones de dólares. 

Elle negó que la propiedad haya sido un regalo y dijo que la había construido con su dinero, con lo que ganó en Televisa como actriz, lo cual sorprendió a muchos porque no pensaban que a ella le pagaran tanto dinero. 

Explicó cómo obtuvo sus ingresos, pero evidentemente nadie le creyó. La residencia había sido un regalo a cambio de millonarios contratos de obra pública. 

El caso de Emilio Lozoya se volvió una película de la corrupción de ese sexenio. Se afirma que el exdirector de Pemex cobraba hasta un millón de pesos por cada entrevista que concedía a empresarios que deseaban contratos en la paraestatal. 

Fue en el sexenio de Peña Nieto cuando el robo de combustible en Pemex alcanzó uno de los niveles más altos. Todos los días se robaban el petróleo crudo y las gasolinas refinadas. Todo ello creó un mercado negro y un negocio redondo: los gasolineros vendían la gasolina robada al precio establecido en el mercado. Cero inversión y 100 por ciento de ganancias. Así ganaron millones de dólares diarios. 

El llamado huachicoleo (robo de combustible) se convirtió en uno de los negocios sexenales más boyantes. Por todas partes había tomas clandestinas en donde llenaban pipas completas para después depositar el producto robado en las gasolineras. 

En la torre de Pemex, por ejemplo, había un piso completo destinado a la operación del robo. Desde ahí aviaban a los huachicoleros la hora exacta en la que podían disponer del producto –gasolina magna, Premium o diésel –y ninguna autoridad lo impedía, pues la policía protegía a las bandas. 

Una fuente ligada al robo de combustibles me dijo que operaban como un cártel, por zonas y en cada territorio había un sector de la policía o del ejército que les daba protección. Los huachicoleros les pagaban cada quincena una cuota por la protección que les brindaban. 

Después, las redes de huachicoleros fueron creciendo hasta convertirse en un cártel o algo parecido. El cártel de Los Zetas, por ejemplo, fue de los primeros que explotó el negocio del huachicol. Era una de las actividades clandestinas más socorridas por ellos. 

Tiempo después, las redes de huachicoleros se ligaron al crimen organizado, en particular a los cárteles de la droga, quienes les surtieron de armamento de alto poder para hacer frente a eventualidades. 

El cártel del Golfo y el de Jalisco Nueva Generación son dos de los grupos criminales que siguen explotando el robo de combustible, negocio que no se ha terminado, aunque el presidente de la República afirme que ya lo abatieron. 

En realidad si ha bajado después del golpe que asestó el gobierno en enero pasado a los grupos de huachicoleros, lo que derivó en la escasez de combustibles, pues Pemex no se daba abasto con la distribución. 

Uno de los personajes relacionados con este negocio fue Carlos Romero Deschamps, exlíder del sindicato petrolero, quien fue acusado de formar parte de una amplia red de robo de gasolinas. 

Además de la corrupción en el sindicato petrolero, Romero Deschamps encabezada una fuerte organización ligada con este negocio. Una denuncia en la FGR da cuenta de ello e incluso estuvo a punto de ser detenido y encarcelado por ello. 

Sin embargo, lo que llama la atención es que a pesar de las acusaciones de corrupción que ha hecho el gobierno, no hay un solo funcionario detenido por ese delito. El que se pensaba que iría a la cárcel era Carlos Romero, pero el presidente sólo le pidió que se fuera, que dejara el sindicato. Así lo hizo y ahora goza de sus millones –producto de la corrupción –y de una total impunidad. Se afirma que ya está en el extranjero muy quitado de la pena.

Rate this item
(1 Vote)
Ricardo Ravelo

Ricardo Ravelo es periodista desde hace 32 años. Fue reportero del semanario Proceso, donde cubrió la fuente policiaca y los temas relacionados con el crimen organizado. Es autor de diez libros en los que aborda el explosivo flagelo del narcotráfico.

Entre otros títulos, ha publicado Herencia Maldita (Grijalbo 2006); Narcomex (Debate 2012); Osiel: Vida y tragedia de un capo (Grijalbo 2009); En Manos del Narco (Ediciones B 2017); Los Zetas, La Franquicia Criminal (Ediciones B 2014); Ejecuciones de periodistas: Los Expedientes (Grijalbo 2017) y Los Incómodos I y II (Planeta 2018). Ha sido conferencista en España, Brasil, Perú y Estados Unidos.

Actualmente es director editorial del portal de noticias Contactopolítico.com y columnista del diario electrónico SinEmbargo.com.mx

Tweets al momento

Ciudad Juárez: Otra vez la Violencia https://t.co/bcGkT6W5Rj @Rravelo27
Las tres posibles líneas del caso Molina Palacios: https://t.co/WfIUVHdGo2 @Rravelo27
El crimen organizado ya escaló al Terrorismo https://t.co/6Kj1WCudtC @Rravelo27
La desgracia Nacional https://t.co/cdweyja0Bo @Rravelo27
Follow Contacto Político on Twitter