Populismos de izquierda y de derecha

La palabra “fármaco” puede significar tanto “medicina” como “veneno”, pues su efecto final sobre la salud dependerá de la dosis. Y es ideal para hablar de los populismos. El politólogo italiano Ferruccio Capelli, autor del libro “El futuro encima. La incertidumbre, el miedo y el fármaco populista” (Ed. Guerini, Milán, 2018), nos presta ideas clave para entender la realidad político-social actual. Veamos.

Después de la crisis económica global del 2007-09, presenciamos turbulencias políticas como la victoria de Trump y el voto referendario del Brexit en 2016. Asimismo, en 2018, por primera vez en la Europa occidental, se formó un gobierno sostenido por un bloque de partidos populistas de derecha en Italia. El país había sido, en la década de 1990, un precursor del neopopulismo mediático-empresarial, de corte neoliberal, sellado por Silvio Berlusconi y su partido-empresa Forza Italia. Su estilo tenía una pizca de salinismo, pero más democratacristiano, y recuerda algo de los argentinos Menem (año 1990) y del actual mandatario conosureño Mauricio Macri. El “cavaliere”, más parecido a un walking dead o caminante, sigue en la política todavía, pero su partido ya es marginal.

Volviendo al populismo. Viene del siglo XIX y se desarrolla en el XX, con la oleada “clásica” de la década de 1930, en plena Gran Depresión. Se suelen clasificar de “populistas clásicos” a presidentes latinoamericanos como el brasileño Getulio Vargas, el mexicano Lázaro Cárdenas y el argentino Juan Domingo Perón. En la actual versión 3.0, del otro lado del charco, el populismo europeo es dominado por líderes racistas y/o xenófobos de derecha que conducen una política económica de corte neoliberal, con alguna limitada concesión a los sectores populares, junto a una política social regresiva, con restricción de libertades. Viktor Orbán, Primer Ministro de Hungría, y Jair Messias Bolsonaro, el inquietante presidente de Brasil, instrumentan medidas que favorecen al gran capital y los inversionistas extranjeros, a la vez que reprimen derechos laborales, sociales y de minorías, manteniendo un discurso misógino o discriminatorio. Sin embargo, sus mítines y tweets presentan otro panorama: el rescate de la gente y el desahogo del descontento social hacia algún presunto “villano”.

El populismo no es sólo un fenómeno de “derecha”, sino que “a la izquierda” también se da. Si Hugo Chávez y Evo Morales fueron casos emblemáticos en la América Latina pre-crisis, más parecidos a los populistas “clásicos”, por otro lado el partido español Podemos, el político estadounidense Bernie Sanders o AMLO en México representan liderazgos populistas en la era post-crisis. Han sido años de gran incertidumbre y pauperización, por lo que el tema de la desigualdad y la superación del modelo neoliberal han influido sobre sus propuestas, orientadas a la justicia social. Lo mismo han hecho movimientos como Occupy Wall St. (el 99% vs el 1%, o los de arriba vs los de abajo), el nuevo feminismo, el ambientalismo y los indignados españoles.

Nos dice el sabio Capelli que estas tres tendencias son la clave: (a) la globalización, (b) el desarrollo omnipresente de la ciencia y de la técnica, de la comunicación, los transportes y las tecnologías, (c) el neoliberalismo como ideología dominante y política económica que orienta la globalización a su manera: favoreciendo las desigualdades. Y también hay tres categorías emergentes para comprender cómo han cambiado nuestras vidas, nuestra manera de trabajar y estar juntos:

  1. Desintermediación, o reducción de los intermediarios, ha ocurrido en el mercado y en la democracia. Han perdido presencia los cuerpos intermedios de la sociedad como: partidos políticos, sindicatos, patronatos, organizaciones mutualistas y de trabajadores, asociaciones religiosas y para el tiempo libre. También han disminuido los filtros comunicacionales, pues todos escriben y hablan sin mediaciones en la “plaza pública” de las redes sociales.
  2. Soledad, o sea, aislamiento. Individualismo. Espacios públicos privatizados. Ciudades-gueto para pobres, segregados, y ciudades-gueto para ricos, segregados pero aparentemente más felices (véase por ejemplo el distópico y ecocida Proyecto City Center en León, Guanajuato, que está activando dignas protestas de la población - link).
  3. Desorientación, que significa pérdida del sentido, de la dirección y del límite. El proceso de innovación es frenético y el límite corre siempre hacia adelante, es inalcanzable y no vemos una directriz de futuro. La utopía y el sueño se nos cayeron en el excusado de alguna flamante plaza comercial.

Así tiene éxito el fármaco populista, combatiendo de momento ciertos síntomas pero sin debelar todas sus causas. El politólogo italiano lo define como “un humus, un estilo, una mentalidad que, en sus múltiples expresiones, vuelve a proponer la centralidad del pueblo, exalta la función del líder y se define a través de la invención del enemigo […] cuando la mirada de los seres humanos voltea hacia el pasado porque el futuro parece caerles encima”. Los populismos tienen estos rasgos comunes:

  1. El pueblo contra la élite. Este pueblo no es el demos, o sea todos los ciudadanos, sino una parte, pues cada líder tiene su pueblo. Así el fármaco trata de combatir la soledad y forjar una nueva comunidad nacional o de intereses.
  2. Giran en torno a un líder absoluto. Como ya no hay intermediarios, aquí está la medicina establecer una relación política directa.
  3. Promueven la invención de un enemigo. Los migrantes, los pobres, los musulmanes, los negros, los “comunistas”, la casta de poderosos, etc… Ésta canalización de la rabia es una medicina contra la falta de sentido y orientación de la vida contemporánea.

Son ingredientes que crean un fármaco taquillero, pero dan adicción y amenazan la democracia. Para seguir con la metáfora, digamos que las grandes corporaciones farmacéuticas, interesadas en la venta del fármaco, son parte del mismo sistema (financiero, geopolítico, corporativo) que rige la economía global y ahora necesita del discurso y la praxis populista para dar un giro de tuerca a los derechos adquiridos y seguir haciendo negocios.

Hoy en día, además de regímenes populistas, rifa el “estilo populista”. Casi todas las formaciones políticas tienen alguna característica de las susodichas. Partidos y líderes adoptan retóricas, propuestas y elementos del populismo con mayor facilidad para ganar consenso.
Es difícil “clasificar” los populismos totalmente como “de izquierda” o “de derecha”. El miedo de los precarios y los pobres de la sociedad puede “derechizarse” y dirigirse en contra de quienes son todavía más débiles, como los migrantes. O bien, puede tomar otro rumbo y direccionarse a reivindicaciones de justicia o hasta de revancha, de participación o de alguna protección o redistribución, como en México con AMLO o Podemos en España. La crítica populista de la política, asimismo, puede desembocar en un partido o líder de “ley y orden”, en el “hombre fuerte” y la “mano dura”, o bien dirigirse hacia una democracia más vital con transparencia y participación popular. También puede haber recetas que mezclan todo lo anterior.

Hoy, la mayoría de los populismos gobernantes tienen connotaciones de derecha, de cerrazón de la “comunidad nacional”, de limitación de derechos civiles, militarización de espacios públicos, salvaguarda de privilegios, ampliación del uso y portación de armas, y regreso al pasado. Menos comunes son los populismos de izquierda que encaran los mismos dilemas y problemas, pero con otros marcos culturales y discursivos de apertura, igualdad y universalismo. Tienen varios de estos elementos Luc Melenchon y parte del movimiento de los chalecos amarillos en Francia, Jeremy Corbin en el Reino Unido o Bernie Sanders en EEUU. Finalmente, las elecciones de los grupos dirigentes y del líder, su sensibilidad política y su historial, las orientaciones prevalentes en la sociedad y en los votantes pueden influir en las recetas elegidas, en la orientación más a la “derecha” o a la “izquierda” de un fármaco que, como toda medicina, puede funcionar pero debería suministrarse como remedio temporal.

 

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Last modified on Wednesday, 08 May 2019 14:32
Fabrizio Lorusso

Profesor e investigador en la Universidad Iberoamericana León y periodista freelance. Maestro y doctor en estudios latinoamericanos por la UNAM. Trabaja y escribe sobre movimientos sociales, neoliberalismo, derechos humanos y desaparición forzada en México.

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