Caso García Luna: Es hora de la justicia

Genaro García Luna y Felipe Calderón en 2012. Ya en esa época el narcotraficante Édgar Valdez Villarreal, alias “La Barbie”, implicaba directamente a García Luna con el narcotráfico. Genaro García Luna y Felipe Calderón en 2012. Ya en esa época el narcotraficante Édgar Valdez Villarreal, alias “La Barbie”, implicaba directamente a García Luna con el narcotráfico. Imagen a partir del archivo de Tomás Martínez, 2012.

Este miércoles 7 se celebra en Nueva York la primera audiencia para determinar si el exfuncionario mexicano es culpable o inocente de los cargos que se le imputan: haber brindado protección al Cártel de Sinaloa.

 

Este miércoles, por fin, se realizará la primera audiencia en Estados Unidos para enjuiciar a Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad Pública durante el gobierno de Felipe Calderón, quien está acusado de tener vínculos con el Cártel de Sinaloa.

Cabe recordar que García Luna cumplirá un año de prisión el próximo mes de noviembre, cuando fue detenido en Texas bajo cargos de narcotráfico, delincuencia organizada y de haber creado una amplia red de protección al cártel que entonces encabezaba Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, amo y señor del tráfico de drogas durante los gobiernos que encabezaron Vicente Fox y Felipe Calderón Hinojosa entre el año 2000 y 2012.

Después de su captura en Texas, García Luna fue llevado a Nueva York, al mismo sitio donde fue enjuiciado Guzmán Loera. Hoy el exjefe de Sinaloa purga una cadena perpetua. García Luna parece seguir el mismo camino, según lo que aseguran las autoridades estadounidenses, disponen de suficientes pruebas para encarcelar de por vida al exfuncionario mexicano, el cómplice de Felipe Calderón.

Durante los primeros meses de su encarcelamiento, García Luna ha tenido variantes en su comportamiento frente al juicio que enfrenta: primero se declaró inocente, luego se dijo que intentó negociar con las autoridades a cambio de aportar información sobre lo que sabe sobre el crimen organizado; posteriormente ofreció pagar una fianza de un millón de dólares a cambio de una libertad condicionada –la que le fue negada– e hizo una segunda propuesta, ésta vez de dos millones de dólares para salir de prisión bajo fianza; pero de igual forma rechazaron su propuesta.

El argumento: que García Luna tenía amplias y suficientes relaciones políticas y criminales en México con poder y recursos económicos disponibles para poder facilitar su huida y así escapar de la justicia. El exfuncionario argumentó, además, que su vida corría peligro dentro de la prisión debido a la pandemia causada por el Coronavirus. Pero ninguno de sus argumentos fue aceptado. García Luna se quedó en prisión y a casi un año de su captura, este miércoles 7 se celebra la primera audiencia sobre su caso.

Las autoridades estadounidenses aseguran que cuentan con grabaciones, documentos y amplios y detallados testimonios que incriminan al exsecretario de Seguridad Pública, pues lo relacionan directamente con la protección del narcotráfico, en particular, se refieren al Cártel de Sinaloa que durante el gobierno de Felipe Calderón –quien lo sabía todo y guardó silencio– tuvo a su alcance su etapa de mayor esplendor.

Los sinaloenses controlaban varios estados del país. Y lo grave de todo es que durante la guerra que emprendió Calderón contra el crimen, este cártel en particular no fue tocado. Por el contrario, sus miembros fueron protegidos y de eso se encargó García Luna y sus más cercanos colaboradores, entre otros, Luis Cárdenas Palomino, Facundo Rosas y Ramón Pequeño. Todos ellos tan poderosos como prepotentes, cuando se desempeñaban como flamantes hombres del poder policíaco. Eran unos pillos metidos en el narco.

En el sexenio de Calderón surgieron datos y evidencias de cómo el Cártel de Sinaloa, a través de Rey Zambada, hermano de Ismael Zambada García, “El Mayo”, controlaba el aeropuerto de la Ciudad de México. Operaban con los funcionarios responsables de las aduanas y en la terminal aérea disponían de protección oficial.

En el aeropuerto Benito Juárez –considerado desde hace varios años como un centro de operaciones mafiosas– el responsable de las operaciones del narcotráfico, según el expediente de García Luna, era Luis Cárdenas Palomino, quien actualmente es coacusado en el juicio que enfrenta su exjefe en Estados Unidos. Además, Cárdenas tiene una orden de aprehensión por tortura que recientemente libró un juez federal.

Según Javier Herrera Valle, exfuncionario de la Policía Federal encarcelado por denunciar la corrupción y la protección al narco en tiempos de Felipe Calderón, durante la guerra contra la delincuencia organizada hubo vacíos, omisiones, órdenes, contraórdenes, despidos injustificados de agentes con experiencia, entre otras anomalías que ahora se explican –dice– por la protección que desde entonces estos funcionarios le otorgaban al Cártel de Sinaloa.

El caso de Genaro García Luna puede convertirse en una bomba política. Sólo basta que él quiera hablar y acusar a su entonces jefe, el expresidente Felipe Calderón, de haberle ordenado brindar la protección al Cártel de Sinaloa; o de al menos haber sido cómplice suyo en los negocios con las operaciones de narcotráfico.

Existen dudas de que García Luna guarde silencio si es declarado culpable. El personaje cuenta con mucha información. No es nada menos que haya sido el policía durante dos sexenios panistas –Fox y Calderón–: en el primer caso fue testigo directo, cuando no partícipe clave, de la fuga de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, del penal de Puente Grande en Jalisco, apenas veinte días después de la toma de posesión de Vicente Fox como presidente de la República. En el segundo, operó como el responsable de brindar la protección al Cártel de Sinaloa. ¿Con la complacencia de Calderón? Sin duda.

También se espera que, al verse hundido por las evidencias, García  Luna arrastre a otros exfuncionarios y excolaboradores suyos. No se descarta, además, que pueda acogerse al programa de testigos protegidos y no se vuelva a saber de él, pues como se sabe, en Estados Unidos dicho programa incluye hasta el cambio de identidad para quienes cooperan con la justicia aportando información sobre las operaciones de la mafia.

Como se sabe, existen varias rutas legales que podría seguir García Luna. La parte acusatoria sostiene que tiene las suficientes pruebas para condenarlo, incluso, a una cadena perpetua; aunque el exfuncionario se ha declarado inocente de los cargos que se le imputan.

En su  mayoría, los testigos que lo incriminan formaron parte del Cártel de Sinaloa y fueron testigos de cargo en el juicio que enfrentó “El Chapo” y que lo llevó a una prisión de alta seguridad para compurgar una cadena perpetua por narcotráfico.

En resumen, si García Luna es culpable, que pague con una condena ejemplar.

 

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Ricardo Ravelo

Ricardo Ravelo es periodista desde hace 32 años. Fue reportero del semanario Proceso, donde cubrió la fuente policiaca y los temas relacionados con el crimen organizado. Es autor de diez libros en los que aborda el explosivo flagelo del narcotráfico.

Entre otros títulos, ha publicado Herencia Maldita (Grijalbo 2006); Narcomex (Debate 2012); Osiel: Vida y tragedia de un capo (Grijalbo 2009); En Manos del Narco (Ediciones B 2017); Los Zetas, La Franquicia Criminal (Ediciones B 2014); Ejecuciones de periodistas: Los Expedientes (Grijalbo 2017) y Los Incómodos I y II (Planeta 2018). Ha sido conferencista en España, Brasil, Perú y Estados Unidos.

Actualmente es director editorial del portal de noticias Contactopolítico.com y columnista del diario electrónico SinEmbargo.com.mx

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