Las falsas credenciales de Leyzaola. Ante EU, el militar carga la sospecha de haber pactado con el narcotráfico. Featured

 Julián Leyzaola se ufana de haber derrotado a la delincuencia en Tijuana y Ciudad Juárez, respectivamente. Pero ante el gobierno de Estados Unidos el militar está bajo sospecha y sus logros se pusieron en duda.

Así lo ha confirmado, inclusive, el consulado de Estados Unidos con sede en Tijuana a través de dos cables que datan de 2009. Desde entonces, la reputación de Leyzaola Pérez fue puesta en entredicho no sólo por sus desatinos frente al crimen sino porque arrastra la sospecha, casi fundada, de que pactó con el narcotráfico una suerte de pax mafiosa a cambio de que algunos capos siguieran operando, con bajo perfil, el tráfico de drogas. Así lo hizo en Tijuana y luego en Ciudad Juárez. Y pese a las alertas estadunidenses, el expresidente Felipe Calderón y el exgobernador César Duarte (Prófugo de la justicia por saqueo al erario público) lo promovieron para que fuera ungido secretario de Seguridad Pública en Juárez, donde la violencia se contuvo por un tiempo y luego volvió a desbordarse porque, según se afirma,  Layzaola nunca combatió al narcotráfico desde la raíz.

Ahora como candidato del PRD, Leyzaola critica que lo que falta en Tijuana para abatir la criminalidad es una coordinación eficaz, pero olvida su paso por esas tareas, donde fracasó en su intento por combatir a los cárteles, cuyos jefes terminaron maniatando al militar debido a los presuntos pactos que permitieron una pacificación pasajera, pero que sirvió al militar de relumbrón para maquillar su imagen de eficacia y de hombre incorruptible. Nada más falso que eso.

Esta es la historia:

Julián Leyzaola Pérez, candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD) a la presidencia municipal de Tijuana se ufana de haber bajado los índices de criminalidad en ese municipio cuando fungió como Secretario de Seguridad Pública, entre 2008 y 2010.

Como candidato, Leyzaola critica lo que en su momento no pudo hacer: reducir los índices de seguridad, pues ahora afirma que en Tijuana el crimen organizado ha crecido por falta de coordinación.

En realidad, el militar en retiro no pudo con el narcotráfico en Tijuana –una de las ciudades que son asiento de poderosas organizaciones criminales --, pues tras la caída de El Teo (Tedoro García Simental), en enero de 2010, lo que ocurrió fue que las autoridades municipales terminaron pactando con el narcotráfico, en particular con los cárteles de Tijuana, Sinaloa y Cártel de Jalisco Nueva Generación a fin de conseguir una suerte de pax mafiosa.

Cuando arribó al cargo de secretario de Seguridad Pública en Tijuana, en sustitución de Alberto Capella, Leyzaola Pérez le declaró la guerra al narcotráfico y abiertamente manifestaba su menosprecio por los capos de la droga, a quienes solía llamar “mugrosos, cobardes y mujercitas”.

Sus primeras acciones al frente de la seguridad pública en Tijuana tuvieron algún éxito, calificado entonces como “relativo”, pues despidió a 400 policías, a quienes se les relacionó inicialmente con el narcotráfico --en particular con los cárteles de Tijuana y Sinaloa --, razón por la cual fueron presuntamente torturados y al final las acusaciones no se sostuvieron y fueron liberados.

Con el paso del tiempo, lo que sí prevalece es el cuestionamiento en contra de Julián Leyzaola en el sentido de que el despido de los policías –e incluso las torturas a las que fueron sometidos –tuvo un sentido: el militar había pactado presuntamente con el cártel de Sinaloa, cuyos líderes codiciaban mantener bajo su control la plaza de Tijuana, lo que coincidentemente lograron mientras Leyzaola estuvo al frente de las tareas de seguridad.

Sin embargo, Leyzaola, hábil para mover sus piezas y afinar sus estrategias de relaciones públicas, logró colocarse ante la sociedad y el sector empresarial como un verdadero adalid de la seguridad. Nada más falso.

Sin embargo, la actitud del militar “comprometido” con la seguridad logró en su momento embaucar al entonces presidente de la Cámara Nacional de Comercio de Tijuana, Mario Escobedo, quien a pesar de las denuncias de familiares y organizaciones de derechos humanos que acusaban al militar de haber torturado a los agentes, en nombre de los empresarios Escobedo felicitó al teniente Leyzaola y llegó a decir que con su apoyo pronto repuntaría la actividad comercial, mermada por la violencia.

Sin embargo, no todo lo que relumbraba alrededor de Leyzaola era oro ni miel sobre hojuelas: desde el año 2003 se empezaron a difundir datos y evidencias de las presuntas relaciones de Leyzaola Pérez con el narcotráfico. Los gobiernos de Baja California y Chihuahua evadieron tales señales que indicaban que el militar no era como lo pintaban.

De hecho en Ciudad Juárez de nada sirvió que el gobierno de Estados Unidos pusiera en duda la honestidad del militar. Pese a ello, fue nombrado secretario de Seguridad Pública. Y este caso tiene larga historia:

Desaprobada por los diplomáticos de Estados Unidos por su incapacidad de depurar y organizar a su policía local, la presidencia municipal de Ciudad Juárez, entonces encabezada por Héctor Murguía, designó a Julián Leyzaola Pérez como secretario de seguridad. En aquel entonces esa ciudad fronteriza era la más violenta del mundo. Según se supo, el nombramiento de Leyzaola fue posible gracias a la recomendación que Murguía recibió del entonces presidente Felipe Calderón y César Duarte, en ese tiempo gobernador de Chihuahua.

Ello ocurrió a pesar de las negativas credenciales que Leyzaola Pérez tenía (y tiene) ante el gobierno estadunidense, pues para las autoridades del vecino país la fama de eficiente y pacificador de Tijuana con el que Leyzaola se presenta era, cuando menos dudosa.

Así lo acredita un cable emitido por el consulado general de Estados Unidos con sede en Tijuana, fechado el 14 de junio de 2009 (Confidencial 09TIJUANA732):

“Es fácil caer en la tentación de ver a Julián Leyzaola como el bueno de la película, el que combate el poder corruptor del narcotráfico. En efecto parece tener toda la intención de modernizar a la policía de Tijuana y nadie ha insinuado que él sea corrupto. Desafortunadamente la historia es más turbia”.

Según los contactos del consulado de Estados Unidos, Leyzaola persiguió con tanto entusiasmo al narcotraficante Teodoro García Simental, El Teo, sólo porque llegó a un arreglo con los rivales del capo dentro del cártel de los Arellano Félix. Al parecer, el jefe policiaco pensaba en ese entonces que era mejor pacificar la ciudad derrotando al grupo de El Teo, favoreciendo a sus contrincantes, que entonces él consideraba podrían hacer “sus negocios de manera más discreta”.

Para el gobierno de Estados Unidos, Leyzaola no tiene buena reputación, ya que en su expediente sobresalen las acusaciones por tortura que aún mantiene abiertas dentro y fuera de México y cuyos expedientes siguen vigentes en la Procuraduría de Derechos Humanos de Baja California y la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Los expedientes contra Leyzaola también están en poder de Amnistía Internacional, Human Rigth Watch, el Observatorio para la Protección de los Derechos Humanos y la Oficina de Washington para América Latina. Todos estos organismos, en su momento, elevaron sus denuncias contra Leyzaola ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

En el cable emitido por el consulado estadunidense se califica como “raro” que los cárteles hayan atacado de manera consistente el liderazgo de Leyzaola en la policía, ya que la mayor parte de los arrestos y capturas de cargamentos de droga de los Arellano Félix fueron autoría del Ejército, no de la policía municipal.

En algunos episodios, ocurridos entre abril y julio (2009) varios agentes locales fueron asesinados. La organización de los Arellano Féliz amenazó con matar cada día cinco agentes en tanto Leyzaola permaneciera en el cargo, y además ofreció un millón de dólares por su cabeza. Lo hacen –sostuvo el cable de aquella fecha –porque la policía “es un blanco más fácil que atacar al ejército”.

Otro cable (09TIJUANA1116), firmado por el cónsul Steven Kashkett, fechado el 30 de octubre, puso en duda la versión oficial de que la violencia retrocedió en Tijuana durante la gestión de Leyzaola, por el contrario, la corrupción policiaca aumentó, las matanzas también repuntaron considerablemente y otros cárteles se afincaron en Tijuana y la comenzaron a explotar como plaza del narcotráfico.

El actual candidato del PRD al gobierno municipal de Tijuana, Julián Leyzaola, critica –a todo pasado– que las autoridades no tienen coordinación para enfrentar al crimen organizado.

Sin embargo, el militar olvida que cuando fungió como titular de la Secretaría de Seguridad Pública llevó a cabo pactos con redes criminales que encendieron los focos rojos en Estados Unidos. A pesar de las sospechas y dudas que arrastraba el militar, las autoridades de Chihuahua lo nombraron secretario de Seguridad Pública. Y ahora, bajo el mismo discurso de ser honesto y de haber rechazado sobornos del crimen, Leyzaola pretende gobernar la ciudad donde fracasó en su lucha contra el crimen organizado.

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Last modified on Monday, 27 May 2019 18:08
Ricardo Ravelo

Ricardo Ravelo es periodista desde hace 32 años. Fue reportero del semanario Proceso, donde cubrió la fuente policiaca y los temas relacionados con el crimen organizado. Es autor de diez libros en los que aborda el explosivo flagelo del narcotráfico.

Entre otros títulos, ha publicado Herencia Maldita (Grijalbo 2006); Narcomex (Debate 2012); Osiel: Vida y tragedia de un capo (Grijalbo 2009); En Manos del Narco (Ediciones B 2017); Los Zetas, La Franquicia Criminal (Ediciones B 2014); Ejecuciones de periodistas: Los Expedientes (Grijalbo 2017) y Los Incómodos I y II (Planeta 2018). Ha sido conferencista en España, Brasil, Perú y Estados Unidos.

Actualmente es director editorial del portal de noticias Contactopolítico.com y columnista del diario electrónico SinEmbargo.com.mx

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