Gobierno confirma fracaso en Culiacán

–El operativo para detener a Ovidio Guzmán resultó fallido, aunque un error táctico no pone en riesgo a toda una estrategia contra el crimen, dijo el secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo. Luis Cresencio Sandoval, secretario de la Defensa, detalló cómo el cártel de Sinaloa les ganó en la estrategia. Hubo militares detenidos, sus familias fueron amenazadas y, por si fuera poco, usaron tácticas militares y traían armamento de alto poder. 

El informe pormenorizado que el gobierno federal presentó esta mañana, durante la conferencia mañanera, sobre el operativo fallido en Culiacán, sólo confirma lo que ya se sabe: que las Fuerzas Armadas fueron rebasadas y sometidas por el ejército del cártel de Sinaloa que operó la liberación de Ovidio Guzmán López. 

Y aunque el secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana –quien mañana comparece en el pleno de la Cámara de Diputados para hablar de este asunto, el ingreso sigiloso de la DEA a México y la estrategia de seguridad del gobierno –Alfonso Durazo Montaño asegura que el crimen no es más poderoso que las Fuerzas del Estado, lo cierto es que, al menos en Culiacán, fue más que evidente la improvisación y la falta de capacidad del gobierno. 

Durazo dijo, además, que las Fuerzas Armadas pudieron haber optado por una acción de exterminio, pero que hubiera sido de gravísimas consecuencias, pues hubieran muerto muchas personas, entre criminales e inocentes. 

El operativo para detener a Guzmán López, de acuerdo con los informes oficiales, se planeó hace siete meses, cuando el gobierno de Estados Unidos solicitó a México su captura con fines de extradición. Se le acusa de asociación delictuosa. 

Desde entonces se comenzó a preparar su detención, pero hubo una falla táctica, reconoció Alfonso Durazo, aunque matizó al decir que este error no pone en riesgo toda una estrategia contra la delincuencia organizada. 

El secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, dijo que para implementar el operativo se prepararon cuatro puntos de concentración: de la A a la D con unos 120 elementos que formaron un círculo externo de seguridad con tropas de la Novena Jurisdicción militar, el 94 batallón de infantería, el 24 batallón de infantería, la Guardia Nacional y el 110 batallón. Explicó, además, que tres de las cuatro concentraciones no llegaron a los puntos planeados porque fueron agredidos con arma de fuego, por ello, dijo, no se pudo materializar la seguridad exterior prevista. 

En el momento en que comenzaron las agresiones –continuó el secretario de la Defensa Nacional – había militares en las calles, pero también un número grande ciudadanos que realizaban sus actividades cotidianas. También había muchos automóviles en movimiento. 

Expuso que los delincuentes obligaron a la gente a bajar del transporte público y de sus vehículos particulares para usarlos en bloqueos de avenidas o transportarse hacia otros puntos sin el riesgo de resultar identificados. 

Paralelamente, los miembros del cártel de Sinaloa se introdujeron en la Unidad Habitacional Militar y amedrentaron a los familiares de los militares. Esto ocurrió en cuatro domicilios donde había niños y adultos mayores que tuvieron que huir por las ventanas. Otros se escondieron en sus clósets. Hubo automóviles dañados por los balazos. 

En los alrededores de la ciudad de Culiacán, de acuerdo con el secretario de la Defensa, también hubo ataques: personal militar fue retenido por los criminales usando como escudo a ciudadanos inocentes para evitar ser agredidos por los soldados. Ahí dijeron que se llevarían a algunos soldados detenidos para luego realizar un posible intercambio. 

Además, de los diez helicópteros de la fuerza aérea mexicana y la Marina que sobrevolaban la zona uno recibió seis impactos de bala de grueso calibre. En total, el saldo fue de ocho personas muertas, un civil, un agente de la Guardia Nacional, un soldado y cinco agresores. El saldo de heridos fue de un oficial y ocho agentes de la Guardia Nacional, siete soldados –uno de ellos perdió la pierna – un policía estatal y tres policías municipales. 

Los delincuentes retuvieron a dos oficiales y nueve soldados de tropa que después fueron liberados. Fueron hallanados cuatro domicilios y 16 vehículos presentaron impacto de bala. 

Otro dato que sobresale es que, según el secretario de la Defensa, el cártel de Sinaloa disponía de un armamento muy poderoso. Detalló que las acciones y el armamento con que contaban los miembros del cártel de Sinaloa consiste en el empleo de tácticas militares, armamento automático y antiaéreo y antiblindaje (Ak-47, R-15, lanzacohetes, lanzagranadas 40 milímetros, ametralladoras y fusiles calibre 50; chalecos y cascos tácticos, placas balísticas, vehículos con blindaje de fábrica y artesanal, camionetas de redilas, volteos, robo de vehículos, delincuentes drogados, así como uso intensivo de radios análogos y digitales que dificultaron las comunicaciones. 

No hay guerra contra el crimen 

El presidente Andrés Manuel López Obrador expuso que sigue considerando que la decisión de liberar a Ovidio López fue la mejor, pues se evitaron muchas muertes y daños colaterales “que ya no queremos”. 

Luego, afirmó: “No hay guerra contra el narcotráfico”. 

E insistió en que su gobierno está atacando las causas de la delincuencia para desactivar la violencia en el país, pero dejó en claro que la lucha contra el crimen organizado no es a todo costo, pues de lo que se trata es de ya no generar más pérdidas humanas, como en el pasado. 

Recientemente, en Washington, el gobierno de Donald Trump expresó su preocupación no sólo por lo ocurrido en Sinaloa, tras el operativo fallido, sino porque el gobierno de la Cuarta Transformación carece de un política antidrogas. 

Históricamente, el gobierno de Estados Unidos no ha permitido que los países del continente latinoamericano apliquen políticas como la despenalización de las drogas o la negociación con los cárteles como medida para frenar el flujo de drogas y la violencia. 

Ellos han privilegiado la guerra en el combate al crimen organizado. Han privilegiado la represión policiaca e incluso militar para enfrentar no sólo al narcotráfico sino al terrorismo. 

De lo que no habló el presidente de México la mañana de ayer fue del ingreso a México de un número considerable de agentes de la Drug Enforcement Administration (DEA) al estado de Sinaloa semanas previas al operativo implementado por el gobierno mexicano. 

No se sabe, hasta ahora, si los agentes ingresaron con permisos, sin avisar o se trata, en todo caso, de una operación normal y habitual de esa agencia antidrogas en México. 

Como se sabe, la DEA opera abiertamente en México y no de ahora sino desde hace varios años. El número de agentes es cada vez más amplio, pero el gobierno federal no informa al respecto. 

Y los agentes de la DEA no sólo realizan trabajo de auscultación en el país: realizan investigaciones y, en muchos casos, hasta detenciones, como ocurrió a principios de los años noventa con la captura del doctor Humberto Álvarez Machain, acusado de haber participado en la tortura de Enrique Kiki Camarena, el agente de la DEA que fue asesinado en 1984 en Michoacán. 

En los años posteriores, la DEA incrementó su presencia en México. Por ello, es extraño que el llamado gobierno de la transparencia no haya informado de ello. En todo caso, fue omiso. 

Respecto del caso Ovidio Guzmán, el gobierno tiene claro que la orden de captura con fines de extradición internacional está vigente y que tarde que temprano lo tendrán que detener, pues Estados Unidos así lo exige. 

Lo que deben hacer las Fuerzas Armadas es preparar el operativo que deberán ejecutar para lograr el objetivo, sin daños colaterales, como dice el presidente. Tendrá que ser una estrategia fina que no termine en otro fiasco, como el ocurrido el pasado 17 de octubre. 

Tiene tiempo el Ejército para estudiar las tácticas de guerra del cártel de Sinaloa y proceder a su anulación.

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Last modified on Thursday, 31 October 2019 22:06
Ricardo Ravelo

Ricardo Ravelo es periodista desde hace 32 años. Fue reportero del semanario Proceso, donde cubrió la fuente policiaca y los temas relacionados con el crimen organizado. Es autor de diez libros en los que aborda el explosivo flagelo del narcotráfico.

Entre otros títulos, ha publicado Herencia Maldita (Grijalbo 2006); Narcomex (Debate 2012); Osiel: Vida y tragedia de un capo (Grijalbo 2009); En Manos del Narco (Ediciones B 2017); Los Zetas, La Franquicia Criminal (Ediciones B 2014); Ejecuciones de periodistas: Los Expedientes (Grijalbo 2017) y Los Incómodos I y II (Planeta 2018). Ha sido conferencista en España, Brasil, Perú y Estados Unidos.

Actualmente es director editorial del portal de noticias Contactopolítico.com y columnista del diario electrónico SinEmbargo.com.mx

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